El hombre nuevo fustiga a todos los modelos antiguos por ser inhumanos.
El hombre nuevo se viste de ropa hecha a mano por indígenas a los que no se pagan con dinero pero a trueque: una remera, una dosis de adoctrinamiento; zapatos, un voto en el comité de viviendas; una boina, una excusa oficial valida para evitar un evento político exaltando a gritos el Máximo Líder.
El hombre nuevo no maneja auto, toma colectivos subsidiados por la nación. No camina en ninguna dirección, sino la que van los demás. Siempre da paso y nunca llega a casa porque no tiene propia.
El hombre nuevo no tiene sueños personales, esta bañado en el llanto liberador del Pueblo que lo alienta a buscar el máxima beneficio a los demás con el mínimo de beneficio a si mismo. Le agrada el placer ajeno, siempre y cuando es a vísperas de un día productivo trabajando bajo condiciones sumamente ineficientes para no darle la razón al capitalismo.
El hombre nuevo no tiene amigos. Porque tener tal es elegir uno sobre el otro.
El hombre nuevo es gaseoso y sin forma lo cual lo hace un modelo penitente sin escala humana. No es hijo de Dios. Es hombre hecho Dios.
El hombre nuevo esta dispuesto a matar con tal que es al orden del Pueblo lo cual el mismo lo manifiesta a través de su olfato anti oligarquico, anti imperialista. Esta siempre a la orden de su Comandante. Busca retos en la selva y en los montes donde sus balas y los gritos sangrientos no tienen eco, ni penal.
El hombre nuevo es una excusa para la crueldad. Mataría a sus propios padres si eso le dicta la historia revolucionaria. Llevaría al mundo al abismo de la guerra nuclear si con un puro se podría quedar fumando los últimos momentos de la vida estrangulada por su majestad.